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HABLAR CLARO ES MAS QUE NUNCA UNA EXIGENCIA POLÍTICA

Llevamos meses instalados en el centro de un huracán pandémico de enormes consecuencias sanitarias, económicas y sociales. No es desdeñable considerar además que esta auténtica “prueba de estrés” a la que se nos somete a diario vaya a tener consecuencias perdurables y profundas en el seno de nuestras sociedades. Las consecuencias en términos de salud pública en los próximos años están aún por determinar. El peligro de que la frustración y el enfado sean canalizados mediante un discurso simplista abre la puerta a la extrema derecha.

En este contexto de frustración, rabia, ansiedad y miedo en el que vivimos, dar certidumbres y ejercer la responsabilidad es una necesidad ineludible para el conjunto de la izquierda política en general y para la izquierda soberanista vasca en particular.

Ofrecer certezas exige transparencia y claridad.

Sé que vivimos tiempos en los que la comunicación ocupa un espacio preponderante en la vida política. No voy a discutir sobre la idoneidad o no de esta realidad. Yo soy partidario de decirle a la gente sencillamente la verdad de cómo vemos las cosas, porque, más allá de los ejercicios de publicidad y propaganda, debe primar ahora y siempre un ejercicio de honestidad comprometido con ese pueblo al que deseamos servir y servimos desde nuestra militancia política.

Tratar a nuestro pueblo como un pueblo adulto capaz de adoptar las decisiones necesarias que mas le convienen es la primera condición para enfrentar nuestros muchos y variados problemas. Y eso exige hablarle con transparencia y claridad.

Yo podré estar equivocado o no, pero expreso con pasión y una buena dosis de realismo y sentido común cuáles son mis reflexiones en torno a la situación que nos está tocando padecer. Mis reflexiones serán acertadas para unos y desacertadas para otros, esa no es la cuestión. La cuestión es que puede haber opiniones diferenciadas en torno a éste u otro tema pero hoy la única e incontrovertible certeza es que nuestra situación sanitaria, económica y social se está deteriorando a marchas forzadas y no existen visos de que pueda ser resuelta en el corto plazo. Y es esa grave cuestión la que tenemos que entender y resolver.

Y hay que hacerlo empezando por el principio: ¿cuál es el origen de la grave situación que padecemos?

“No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho”, Aristóteles.

La pandemia de la Covid-19, como otras anteriores y las posteriores que a buen seguro le seguirán, tiene su origen en la actitud depredadora de un capitalismo que invade ecosistemas con cada vez mayor celeridad que favorecen la transmisión, aparición y contagio de nuevas enfermedades víricas ( la gripe “aviar”, la gripe del “cerdo”, la “vacas locas”).

Empezemos, pues, a desatar con paciencia el nudo: o alteramos sustancialmente los modelos de producción y consumo impuestos por el capitalismo o no podremos desandar el camino que nos ha conducido a esta situación.

Hoy más que nunca la militancia política debe ser ejercida y entendida como un instrumento para reconstruir y desarrollar políticas públicas que modifiquen a escala humana nuestros modos de vida, de producción y de consumo. Sólo así eliminaremos una parte importante del riesgo, aún sabiendo que el riesgo cero sencillamente no existe. Pero ésta es una estrategia a medio largo plazo, que aunque debe ser construida desde ahora, no nos permite encarar los problemas en el corto plazo.

La segunda gran cuestión estriba en que una vez expandida la infección, ¿cuál es la estrategia más eficaz para hacerle frente? Había y hay dos estrategias posibles: la que ha apostado por la neutralización del virus y la que ha apostado por la vía de “la convivencia con el virus”. La decisión de optar por una o por otra ha venido también condicionada en algunos casos por el falso debate entre salud y economía, que ha tenido en lo que se refiere al conjunto de Euskal Herria (e incluso a escala menor pero no menos preocupante al conjunto de Europa) una consecuencia clara: la estrategia de “convivir” con el virus no ha mejorado ni nuestra salud pública en términos colectivos ni nuestra economía. Los dos parámetros que se pretendían salvar han salido dañados de esta estrategia. Hoy está demostrado que la propuesta de confinamiento duro que nosotros defendimos al inicio de la pandemia doblegó la curva y que la acelerada salida del mismo (que sólo buscaba proteger los intereses económicos de una minoría) nos conduce otra vez a una situación de posible confinamiento que no deseamos. Lo dijimos al inicio de la pandemia: hay algo peor que un confinamiento y es un segundo confinamiento. El Estado francés ha decretado el confinamiento duro pero limitado. Alemania cierra bares y restaurantes… ¿Qué nos hace pensar que aquí el escenario será distinto?

Mientras China, Nueva Zelanda o Corea del Sur apostaron por confinamientos estrictos y desescaladas muy controladas (con capacidades de rastreo infinitamente superiores a las nuestras), nuestras autoridades públicas en Euskal Herria apostaron como objetivo al no colapso de nuestros sistemas sanitarios ( Osakidetza / Osasunbidea). Hoy los países que apostaron por el confinamiento estricto y la desescalada prudente tienen una situación económica y sanitaria infinitamente mejor que la nuestra, mientras a nosotros se nos aboca a un escenario de restricciones no sólo con respecto a nuestra movilidad sino en cuanto a nuestros derechos sociales y económicos. Sé que se me objetará que estos países no tienen nuestra cultura, es evidente, pero de “nuestra” cultura hablamos otro día.

Nuestros gobernantes en Hegoalde han propiciado una estrategia a todas luces fracasada de convivencia con el virus y que tenía por único objetivo el no colapso de nuestros sistemas sanitarios. Sistemas que han sido debilitados durante décadas por las políticas de recorte que ellos mismos han propiciado.

¿Y qué ha ocurrido en los últimos meses largos de pandemia cuando nos dedicábamos a aplaudir a nuestros profesionales sanitarios? Que seguimos sin inversiones públicas en el fortalecimiento de nuestra sanidad pública o de nuestra educación. Que seguimos sin abordar la construcción de un sólido sistema público de cuidados en nuestro país.

Y eso tiene unos responsables que no son otros que los que gestionan nuestras administraciones públicas. Un solo dato: mientras incluso el FMI (poco sospechoso de izquierdista) manifiesta que una de las mejores inversiones económicas es la destinada a combatir el Covid y en Europa se destina de media el 10% del PIB, en el Estado español se destina el 4% ¿y en Euskal Herria?

Porque aquí se toman medidas restrictivas (tarde y de manera insuficiente) que no llevan aparejada ninguna memoria económica (aquí nos pagamos hasta las mascarillas!!!), mientras las contrataciones públicas en nuestra primera línea de defensa contra el virus son inexistentes, a la par que se dispara el coste de las grandes obras como el Metro de Donostia o un tren de alta velocidad que ahora nos anuncian que tampoco estará para el 2024. Un disparate y una negligencia que nos va a salir y nos está saliendo muy cara.

Y mientras todo esto sigue pasando, tenemos la obligación de volver a reiterar nuestra plena confianza en nuestro pueblo y su ciudadanía. Pero la gente debe saber que esta batalla no será corta: basta de especular con vacunas milagrosas y recetas mágicas que nos salvarán en el corto plazo de seguir sufriendo restricciones y pérdida de derechos.
No se tratar de alarmar. Se trata de volver a exigir un plan y una estrategia que nos dé certezas: mantener y sostener a los sectores golpeados económicamente, fortalecer nuestra sanidad pública, y nuestra educación, aumentar exponencialmente el número de rastreadores, aplicar las medidas que sean necesarias para frenar el virus y su expansión.
Y hacerlo como este pueblo sabe hacer: mediante nuestra fortaleza comunitaria, tomando las decisiones en auzolan, concertando las energías económicas, políticas, institucionales, intelectuales, culturales en torno a un plan de acción decidido y acordado entre todos. La convocatoria a luchar contra el virus y sus consecuencias debe de reunir a empresarios, sindicatos, partidos, mujeres, jóvenes, instituciones, universidades… ¡Un pueblo para derrotar al virus!
Es así como será seguro que derrotaremos al virus y saldremos fortalecidos como pueblo. La inacción y la parsimonia nos van a costar muy caras.
Si hemos aprendido algo del primer confinamiento, hagamos lo necesario para evitar el segundo y hagamos imposible un tercero. Porque nos jugamos mucho en este envite en el ámbito sanitario pero también en el económico y el social.
Nosotros no compartiremos y combatiremos la agenda de una extrema derecha que en nombre de la libertad individual burguesa pretende imponer su agenda protofascista. Nosotros estaremos detrás de cuantas medidas haya que adoptar para combatir y derrotar el virus. Pero nosotros estaremos también reclamando y exigiendo el rescate de los sectores mas golpeados, y la defensa y fortalecimiento de nuestra sanidad o de nuestra educación. Porque nosotros defenderemos aquí y en cualquier lugar que lo colectivo prima sobre lo individual. Nosotros defenderemos el interés público por encima de cualquier otro interés.
Quiero finalizar haciendo un llamamiento a la confianza pero también a la responsabilidad individual y colectiva de nuestra gente. No os vamos a engañar. Salir de esta situación exige y exigirá sacrificios. ¡Este es un reto nacional! Pero los sacrificios de hoy son y serán las satisfacciones de mañana. Euskal Herriak merezi du!

This entry was published on 2020/10/30 at 10:20 pm. It’s filed under Castellano and tagged . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

One thought on “HABLAR CLARO ES MAS QUE NUNCA UNA EXIGENCIA POLÍTICA

  1. Ana Paula on said:

    Y a esas medidas claras, transparentes y consensuadas hay que añadir un estilo, estilo cercano y profundamente empático. No más rostros agrios que traen las malas noticias y números horribles por lo que significan de dolor y cansancio de sanatorios, esos rostros agrios que echan broncas a los ciudadanos cuando ellos fueron los primeros en empujar a salir y consumir como si la pandemia hubiera acabado. Claridad, empatia y trabajo en auzolan. Claro que saldremos!!!

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