No nos esperen en la mentira ni en el fango

Sin duda, vivimos una época difícil, una época en la que la complejidad de los problemas, sus consecuencias más dolorosas y la incertidumbre en tantos ámbitos de nuestras vidas facilitan la adopción de actitudes que no están a la altura de los retos a los que la sociedad vasca se enfrentará en esta década.

La tentación de desistir ante los problemas, de echar balones fuera o de enrabietarse puede ser comprensible como reacción, pero no es sostenible como posición ante esta crisis. Hay que estar a la altura, más en el caso de quienes estamos comprometidos a solucionar los problemas de la ciudadanía y a luchar por una Euskal Herria más libre y más igualitaria.

Vivimos una crisis que empuja al planeta a la emergencia climática, a la desigualdad social más brutal y al surgimiento de instituciones cada vez más autoritarias. La pandemia nos ha puesto frente al espejo de todas nuestras debilidades y límites. Sus consecuencias sanitarias, sociales y económicas van a perdurar. Sufrimos una pandemia que ha dejado más claro que nunca que el neoliberalismo conduce directamente al colapso civilizatorio.

Deberíamos de ser capaces de entender en toda su magnitud el reto al que nos enfrentamos. De lo contrario, las posibilidades de sucumbir se multiplican. Sin duda, las viejas recetas no sirven. Las preguntas que hay que responder ahora son las más primarias y las mas urgentes: por ejemplo, qué cosas tienen auténtico valor; cómo nos organizamos y cómo decidimos las cosas; qué valores debemos impulsar y cómo los vamos a defender. 

Aunque no siempre lo logremos, en la izquierda independentista vasca tratamos de dar siempre la talla política e intelectual. No es solo estar de acuerdo con esto o con aquello, es cuestión de actuar con honestidad, respeto y humildad. A la hora de compartir con nuestro pueblo análisis o propuestas, intentamos mostrar toda la convicción y firmeza democrática posibles, pero sin rebajar por ello la humildad. Lo hacemos con respeto, tratando de que el insulto no forme parte de nuestro vocabulario político. Está claro que no siempre logramos mantener ese nivel al que aspiramos, pero siempre lo intentamos. El respeto no esta reñido con la defensa firme de nuestras convicciones más profundas.

Tratar como adultos a nuestros compatriotas es hoy un principio básico para construir las políticas que necesitamos con urgencia. Decirles la verdad con honestidad es un mínimo que desde la política deberíamos tomarnos muy en serio. 

Por eso, nos produce tristeza volver a comprobar que frente a nuestras críticas, frente a nuestras propuestas, hay quien sigue creyendo que se pueden seguir utilizando la manipulación mediática y la mentira como instrumento político.

Hay quien sigue creyendo que mentir, construir falsedades y poner en marcha ventiladores mediáticos para esparcir basura contra el independentismo de izquierda sigue siendo rentable en términos políticos. Dividir el mundo entre la bondad perfecta de los propios y la maldad intrínseca de los adversarios es un mecanismo de los malos gobernantes para no asumir la responsabilidad. Creemos que estas actitudes no nos hacen mejores como país, no construyen dinámicas para un futuro diferente, ni alientan las mejores ambiciones de una sociedad que vive con zozobra y preocupación su inmediato futuro. Porque como dijo Bacon, la verdad es hija del tiempo y no de la autoridad.

Así que no nos esperen en el insulto. Si quieren debatir de educación, sanidad, sobre el modelo económico y de cuidados, sobre el modelo energético, o de seguridad y policial, siempre nos encontrarán. Tenemos propuestas que deberían escuchar con atención y con respeto como mínimo, que deberíamos debatir en serio. 

Esparcir basura no forma parte de nuestra manera de entender el compromiso con una Euskal Herria justa, igualitaria y libre. Dejen de hacerlo y pónganse manos a la obra. De verdad, entre nosotros y nosotras, este no es tiempo de trincheras. Es hora de abrir un debate popular y nacional sobre los grandes retos que marcaran una década en la vida de nuestra vieja nación.

El reto energético, el reto de los cuidados, del cambio climático, de la digitalización o de la gestión de una pandemia sanitaria y social exigen lo mejor de nosotros mismos.

Así que dejen de mentir, dejen de manipular, dejen de embarrar el terreno de juego, se lo agradecerá un país que necesita soluciones urgentes a nuestros problemas.

This entry was published on 2021/02/08 at 9:57 am. It’s filed under Castellano, Uncategorized and tagged . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

One thought on “No nos esperen en la mentira ni en el fango

  1. Ana Paula on said:

    Los esparcidores de basura no están preocupados con los problemas de la ciudadanía, sólo en mantener sus chiringuitos. No les interesa debatir otras propuestas sino asegurar q las suyas salen adelante. En este juego de intereses todo vale aunque es pan para hoy y hambre mañana. Por eso ladran, están desesperados. Animo eta aurrera

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